14 mayo 2007

El dragón en el garaje
   publicado por Fry

Hoy, que ando griposo/alérgico, me tomo la libertad de extraer una excelente reflexión de Carl Sagan, uno de los mejores divulgadores científicos de todos los tiempos. En el relato intenta explicar el razonamiento y la validez de cualquier creencia no-científica, en la que en lugar de Dios el protagonista ha inventado un dragón rojo que escupe fuego y que vive en su garaje.

Podríamos hablar largo y tendido sobre ciencia y fe, pero no hay mejor manera que leer a quien ha reflexionado profundamente sobre ello y tiene la capacidad de explicarlo con extrema sencillez:

"En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca".

Supongamos (sigo el método de terapia de grupo del psicólogo Richard Franklin) que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!

- Enséñemelo – me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.

- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

- Buena idea – replico – , pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarrestro cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

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Buen artículo de reflexión, sabe de que se habla... o mas bien en qué no cree.

El problema es que hay muchísimas cosas que no tienen explicación, muchas teorías científicas que no tienen demostración, pero "se cree" son ciertas.

Todo parte de nosotros, todo parte de unos axiomas establecidos, ¿por qué no puede considerarse al dragón como un axioma?

Personalmente, no descarto categóricamente que exista "Dios" como el primer axioma universal, lo que vendría a ser equivalente al punto inicial del universo, ¿o acaso estuvo ahí siempre? pues la materia no se crea, sino que se transforma, por lo que ¿a alguien le cuadra que algo existiera siempre, o que ese hueco estuviera ahí sin que nadie lo pusiera...?

También personalmente no creo que Dios creara el mundo en 7 días, ni que siquiera lo creara, ni que sea como la religión lo pinta, pero para mí, "Dios" es ese algo que ha estado ahí desde siempre... que nos ayude o no, es otro tema, lo que vendría a ser el fuego del dragón... rizar el rizo.

De Blogger TioP, el día miércoles, 16 mayo, 2007

1 Comentarios:

  • Buen artículo de reflexión, sabe de que se habla... o mas bien en qué no cree.

    El problema es que hay muchísimas cosas que no tienen explicación, muchas teorías científicas que no tienen demostración, pero "se cree" son ciertas.

    Todo parte de nosotros, todo parte de unos axiomas establecidos, ¿por qué no puede considerarse al dragón como un axioma?

    Personalmente, no descarto categóricamente que exista "Dios" como el primer axioma universal, lo que vendría a ser equivalente al punto inicial del universo, ¿o acaso estuvo ahí siempre? pues la materia no se crea, sino que se transforma, por lo que ¿a alguien le cuadra que algo existiera siempre, o que ese hueco estuviera ahí sin que nadie lo pusiera...?

    También personalmente no creo que Dios creara el mundo en 7 días, ni que siquiera lo creara, ni que sea como la religión lo pinta, pero para mí, "Dios" es ese algo que ha estado ahí desde siempre... que nos ayude o no, es otro tema, lo que vendría a ser el fuego del dragón... rizar el rizo.

    De Blogger TioP, el día miércoles, 16 mayo, 2007  

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