21 marzo 2006

Volando voy
   publicado por freddd

Leo esta misma mañana en un conocido diario gratuito que el aeropuerto de Barajas se ha situado en el duodécimo del mundo en cuanto a número de pasajeros, cosa que no esta nada mal y que da muestra de la creciente demanda por venir a nuestro pais, además de cimentar la cada vez más consolidada sociedad del bienestar (con permiso de algunos) de la que disfrutamos. Es además curioso que Barajas se situe por delante de otras grandes ciudades del mundo, como Nueva York, aunque eso sí con un solo aeropuerto y no con 2 o 3 como tiene en concreto la citada.

Todo esto viene paralelo a la apertura de la nueva megaterminal (la famosa 4ª) inaugurada recientemente y que sin duda traerá mejores números y porcentajes para los años venideros en los que, todo hay que decirlo, muchos millones de personas más perderán otros tantos miles de millones de minutos en los famosos retrasos del aeropuerto madrileño.

Y hablo hoy de aeropuertos y de vuelos porque reconozco que me encanta volar, recorrer las tiendas del aeropuerto, las facturaciones de equipaje, las horas previas al despegue hacia tierras lejanas (o no tanto) y luego ya el vuelo. Cada vez que lo hago me siento como un niño pequeño, miro a mi alrededor, observo a las azafatas, me asomo a la ventana, miro los extraños bultos que sitúa la gente en los compartimentos para maletas, bultos que tienen pinta de llevar granadas de mano y metralletas.

Aunque mi actitud durante el viaje va cambiando, basándome en el único viaje de largo recorrido (unas 12 horas) podríamos hacer el siguiente resumen por pasos

  1. -Mientras despega el avión miro absorto por la ventanilla viendo como las personas y los edificios se alejan cada vez más. Es el instante en el que el ecuatoriano que suelo llevar delante de mi asiento echa el suyo completamente para atrás incomodando el resto del trayecto(ahorita vengo no mas, es lo que parece susurrar su estupida cabezota).
  2. -Durante la siguiente hora me centro en el gigantesco plano, como un enorme GPS que se proyecta en la pantalla central del avión o en los pequeños monitores. En el voy viendo como cada 5 minutos se mueve un píxel el avión dentro del plano nacional e internacional y el pequeño icono que representa el avión se acerca una millonésima parte a su objetivo, absurdo para cualquier mente normal, fascinante para mí.
  3. -Mis piernas empiezan a entumecerse y en el monitor empieza una película que probablemente es de Hugh Grant. Me resulta prácticamente imposible dormir en un avión. A ver cuando traen la comida, ese es mi punto fuerte.
  4. -Las azafatas traen la comida. La gente hace ascos, dejan un plato, miran con repulsa a los pequeños envases cuidadosamente empaquetados. Me encanta la comida y la disposición en los platos, queda realmente bonita, y los postres, mmmm. Es el momento para calentar motores, lo que sin duda hace el viaje más corto, cerveza durante la comida y luego copazos. Las amables señoritas te los ponen gustosamente, al menos los 3 o 4 primeros.
  5. -Llega el sopor y con el la segunda película, normalmente esta suele ser otra estúpida película de Adam Sandler o de Jim carrey.
  6. -La última hora es la más larga, ya que viene precedida por la anterior en la que normalmente recorro el avión de lado a lado unas 50 veces. La última hora vuelvo a la pantalla del megagps, pero ahora en lugar de avanzar un píxel cada 5 minutos es mucho mas lento, parece que incluso nos alejamos, hemos dado la vuelta??
  7. -Mientras aterrizamos el mal nacido ecuatoriano vuelve a poner el asiento en su sitio en un gesto que el cree le honra y sonríe como queriendo dar a entender que la molestia ha sido pasajera (que hijoputa)

Como se habrá podido observar solo hablo de los vuelos en 2ª, como buen proletario español, aunque no oculto mi envidia y resignación por los señoriítos de “business”. Ellos no esperan la larga cola para entrar al avión y su comida es mejor que la nuestra, pueden volar sin que la sangre se concentre en la planta de sus pies y en muchos casos son recibidos con champán y caramelos. Es lo más parecido al titanic en la actualidad, solo nos falta que nos metan a nosotros a patadas en un agujero con gallinas y soldados norcoreanos.

Otro día hablamos del Metro, buen viaje.

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El unico viaje largo que he hecho fue de 10 horas, y tanto rato sentado en una butaca sin espacio para moverte es un suplicio. Soy de los que no me gusta la comida del avion, pero algo hay que comer. Eso si, como al sitio al que iba habia bastantes horas de diferencia, nos daban las comidas con arreglo al horario de allí. Así que comi en el aeropuerto, desayune en el avion, comi en el avion y merende en el avion, y cuando llegue a mi destino cene, una pasada. No nos dejaban usar aparatos electronicos para escuchar musica, y la muscia que habia en el avion era penosa. Y la pelicula no la pude ver, porque las pantallas estaban estratégicamente mal colocadas, de modo que tenía que estar con el cuello torcido... sumando asi mas dolor a lo incomodo que es dormir en un avion. Supongo que primera clase es otra historia. Eso si, el avion parecia una fiesta, porque como la mayoria eramos estudiantes parecia que estabamos en un bar, cada uno donde queria y el piloto pidio repetidas veces que nos sentáramos y nos abrocháramos los cinturones pq había turbulencias, yo no noté nada la verdad...

De Anonymous Anónimo, el día miércoles, 22 marzo, 2006

1 Comentarios:

  • El unico viaje largo que he hecho fue de 10 horas, y tanto rato sentado en una butaca sin espacio para moverte es un suplicio. Soy de los que no me gusta la comida del avion, pero algo hay que comer. Eso si, como al sitio al que iba habia bastantes horas de diferencia, nos daban las comidas con arreglo al horario de allí. Así que comi en el aeropuerto, desayune en el avion, comi en el avion y merende en el avion, y cuando llegue a mi destino cene, una pasada. No nos dejaban usar aparatos electronicos para escuchar musica, y la muscia que habia en el avion era penosa. Y la pelicula no la pude ver, porque las pantallas estaban estratégicamente mal colocadas, de modo que tenía que estar con el cuello torcido... sumando asi mas dolor a lo incomodo que es dormir en un avion. Supongo que primera clase es otra historia. Eso si, el avion parecia una fiesta, porque como la mayoria eramos estudiantes parecia que estabamos en un bar, cada uno donde queria y el piloto pidio repetidas veces que nos sentáramos y nos abrocháramos los cinturones pq había turbulencias, yo no noté nada la verdad...

    De Anonymous Anónimo, el día miércoles, 22 marzo, 2006  

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